Una mirada hacia la historia coreana: las kisaeng

Las kisaeng (기생) o ginyeo (기녀) eran artistas coreanas reconocidas como propiedad del gobierno dedicadas principalmente al entretenimiento de los hombres más poderosos de la nación, pertenecientes a la aristocracia y a la nobleza, así como a las tropas y enviados extranjeros. Su origen, a día de hoy, sigue siendo incierto y hay varias teorías al respecto.

Una de ellas, formulada por el filósofo Jeong Yak-yong (정약용), sitúa los inicios de estas cortesanas en las llamadas wonhwa (원화), nombre con el que se conocía a unos grupos de mujeres de destacada belleza que, bajo el mandato de Jingheung (540 – 576) en el reino de Silla (신라) (57 a. C. – 935), fueron instruidas para dicha labor. Otra hipótesis más respaldada remonta los orígenes de las ginyeo unos cuantos cientos de años más tarde, en el siglo x, más específicamente en las abundantes migraciones producidas a raíz de la unificación de los Tres Reinos en 936 y el consecuente inicio de la nueva dinastía Goryeo (고려) (918 – 1392).

Pero ¿qué tipos de kisaeng había y qué formación debían recibir? Por norma general, la trayectoria profesional de una kisaeng destacaba por su brevedad. Esta solía comenzar a los quince o dieciséis años y terminaba entre los veintidós y los treinta. Durante ese período, las kisaeng recibían formación en las academias llamadas gyobang (교방), que en ocasiones llegaban a admitir a niñas de incluso ocho años de edad. El período lectivo tenía lugar dos veces al año: una primera, de febrero a abril y una segunda, de agosto a octubre. En estos centros, las jóvenes aprendían principalmente baile y a tocar algún instrumento, normalmente el laúd chino.

En cuanto la forma de convertirse en kisaeng, existían varias maneras. La gran mayoría de ellas había nacido fruto de las relaciones entre una ginyeo y un hombre, generalmente de los rangos más altos de la nobleza, y había adquirido su condición de manera hereditaria. La forma menos común de convertirse en kisaeng la encarnaban algunas mujeres aristócratas pertenecientes a la clase yangban que habían violado los estrictos convencionalismos sexuales de la época. En otras ocasiones, familias pobres decidían vender a sus hijas para que entrasen a formar parte del registro de kisaeng de cada distrito o gijeok (기적), controlado por un hojang (호장).

El papel que desempeñaban las kisaeng como servidoras sexuales y artistas de entretenimiento para las personalidades más poderosas del panorama político fue objeto de controversia tanto entre el pueblo coreano como entre los intelectuales de la nación en determinados momentos de la historia. Sin embargo, con los años, el número de estas jóvenes, pagadas por el gobierno con dinero público, no dejó de crecer. A finales del reinado de Yeonsan-gun (1494 – 1506), el monarca llegó a traer hasta 10 000 ginyeo para que lo sirvieran en palacio. Por supuesto, los ciudadanos no tardaron en hacerse oír y protestar por medio de revueltas en contra del vergonzoso uso que hacía el monarca de sus impuestos. Con el fallecimiento del rey en 1506, las innumerables kisaeng de la corte fueron devueltas a sus regiones de origen, aunque el sistema de ginyeo no desapareció.

Más tarde, en 1908, dos años antes de la ocupación japonesa de Corea, la policía nipona promulgó un decreto de regulación de kisaeng, mediante el cual logró controlar la actividad de estas mujeres antes de la invasión total de la península. Los japoneses rebajaron a todas las kisaeng al nivel de prostituta, menospreciando y pasando por alto su oficio artístico e intelectual. La última generación de kisaeng tradicionales la encontramos durante la ocupación y hasta el final de la Segunda Guerra Mundial (1939 – 1945), en una época en que las academias, que habían sido renombradas como gwonbeon (권번),  se vieron obligadas a dejar de enfocar la totalidad de sus enseñanzas hacia las artes coreanas para enseñar a las ginyeo conocimientos propios de las culturas nipona y occidental, en especial en lo relativo a la música, con los que pudiesen adaptarse a las expectativas de sus nuevos clientes.

Hoy estamos en el año 2017 y las pocas kisaeng de entonces que a día de hoy siguen con vida decidieron ocultar su identidad después de la Segunda Guerra Mundial para escapar del estigma que rodeaba su posición, vinculada de manera exagerada con la prostitución. No obstante y mientras las ginyeo van camino de la desaparición y el olvido, los ciudadanos están defendiendo su valor histórico y cultural en un siglo en que estas mujeres están más vivas que nunca en el imaginario de una nación que no se plantea enterrar su recuerdo ni por asomo.

Bibliografía:

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