Síndrome Nómada: Gonne Choi en Madrid

Tras una gira que la ha llevado por varias ciudades europeas, Gonne Choi actuó el pasado jueves 3 de mayo junto a su banda en el Teatro Luchana de Madrid dentro de la  II  Edición del Korean Sound Festival.

No sorprende que Gonne Choi sea una de las cantautoras más exitosas del panorama indie coreano tras un concierto en el que demostró que no hay nada como el directo de la música en vivo.  En un concierto en el que la artista esperaba transportarnos en un viaje de emociones, fue su voz la que guió el camino. Choi posee un control definido de su voz lo que le permite jugar con ella y su registro: desde grito casi gutural en momentos catárticos a transiciones fluidas entre voz de cabeza y falsete. Sin apenas vibrato y con una cualidad casi etérea, la voz de Choi recuerda a la de otras artistas como Enya, Loreena McKennitt o Sissel. Sin embargo, en los graves las armonías tienen una resonancia mucho más profunda y un fondo ronco que le dan un tinte arraigado a una voz que por lo general vuela.

Pero Gonne Choi no sólo canta, también susurra, recita, narra… y una dicción precisa acompañada por transiciones naturales entre el coreano y el inglés de las letras ayudan a transmitir emoción en todo momento. Su voz es rica porque nunca deja de jugar con ella y sorprendernos. Acompañada siempre de su guitarra, sólo se desprendió de ella para una de las piezas donde pudimos ver cómo liberaba sus movimientos. Y al no estar tocando un instrumento pudimos comprobar que sus brazos y manos actuaban casi como extensiones de su voz, y a menudo seguían y acentuaban el recorrido, los giros y las cadencias que ésta hacía.

Con una puesta en escena sencilla pero efectiva en la que trabajan exclusivamente con los colores de fondo, los fundidos acompañaban las canciones. Especialmente llamativo en Ordinary Things  por el juego de luces y la gama cromática de verdes musgo oscuros y anaranjados, Choi parecía mimetizarse con el escenario, reflejando sus reflexiones anteriores a la canción en las que comentó cómo es lo cotidiano lo que nos convierte en nosotros mismos, lo que nos hace.

La banda, con Hwang Hyun-woo y Park Sang Heum alternándose la guitarra eléctrica y el bajo, Min Sang-yong  en la batería, y Choo So-Young al violín, funcionó muy bien como grupo.  Era palpable que estaban disfrutando. Y es un privilegio ver a intérpretes escuchar la música, no sólo tocarla, y comprobar cómo se dejaban llevar por ella. Durante el concierto no faltaron momentos en los que demostraron complicidad entre ellos, o bien dialogando a través del lenguaje no corporal (miradas, asentimientos, sonrisas), o simplemente con sus instrumentos. Especialmente visible en un interludio instrumental entre la guitarra acústica de Choi y la batería de Min.

Se agradece que las armonizaciones, que se fundían perfectamente entre ellas, permitiesen simultáneamente escuchar individualmente a cada instrumento. Lo que nos dejó apreciar las distintas técnicas que utilizaron al tocar, y escuchar sus distintos colores y posibilidades. Me llamó la atención el uso de la guitarra eléctrica en una de las canciones, inspirada en una melodía tradicional coreana, en la que a momentos sus vibraciones me recordaban más a las de un geomungo (o komungo, literalmente cítara negra) que a las de una EG (en el grupo no hay instrumentos tradicionales coreanos).

Un detalle que demostró la buena sintonía de la banda fue que todos los miembros se dirigieron a la audiencia en algún momento. Desde bromas (uno de los bajistas bromeó con que su nombre era paella, que es lo que más le ha gustado de nuestro país) a que cada uno de ellos, además de a sí mismos, presentasen canciones.

Choi, con sus presentaciones y elección de repertorio nos hizo cómplices tanto de su cultura como de su vida privada. Nos dio a conocer una de las canciones como una composición posterior a una pelea con su madre, tras lo que nos pidió guardar el secreto porque su madre no lo sabe. En el ámbito cultural, además de compartir una versión moderna de Arirang, quizás la melodía tradicional coreana más conocida del mundo, también nos hizo partícipes de la vida social de Corea al relatar como parte de su obra está compuesta en reacción y apoyo a los movimientos de protesta social que se organizaron en el país hace un par de años. De esta manera, Choi se coloca en una posición de cantautora social comprometida, además de confesional.

El concierto fue un éxito rotundo. No hay mayor demostración que las dos propinas que Choi y su banda regalaron por los aplausos del público. Este éxito confirma tanto el buen estado de la escena indie coreana, como el de la programación del II Korean Sound Festival, que culminará el jueves 10 de mayo con la actuación de Park Woojae en el CaixaForum de Madrid.

Si Gonne Choi esperaba embarcarnos en un viaje de emociones: felicidad, desolación, gozo, descubrimiento… con este concierto lo ha conseguido. En gran parte por una privilegiada voz que no necesita ningún acompañamiento, pero que al recibirlo resaltan su poder y sentimiento sin opacarla.

 

 

Deja un comentario

Nombre *
Correo electrónico *
Web