“No puedo evitar la influencia del lenguaje de mi madre, su forma de hablar” Kim Ae-ran en Madrid

Como nuevo capítulo a la serie de encuentros con algunos de los escritores contemporáneos más relevantes de Corea, el pasado 9 de marzo el Centro Cultural Coreano junto a  LTI Korea organizaron la presentación del libro ¡Corre, papá, corre! de Kim Ae-ran.

Kim Ae-ran, con micrófono en mano, durante la presentación.

 

El evento tuvo como invitada de honor a la propia autora, Kim Ae-ran, que también contó con la participación de la directora de Godall Edicions, Matilde Martínez Sallés y las traductoras de los relatos recogidos en esta colección: Mihwa Jo Jeong y Estefanía Robles Serrano, así como la del director del Centro Cultural Coreano de Madrid,  Yi Chongyul.

 

 

 Corre, papá, corre llega al mundo hispanohablante 13 años después de su publicación en Corea, que hizo de Kim Ae-ran la recipiente más joven de la historia del Premio Literario Hankook Ilbo. Esta primera presentación tanto de la autora como del libro en Madrid contrastan con sus palabras — se presentó en español— de que Madrid no le es una ciudad extraña. La conoció por primera vez hace 10 años, y en su vuelta, una década más tarde ha vuelto a encontrarse con las caras de la ciudad, y de los madrileños, que no aparecen en libros, Internet o Google. Recuerdos salpicados por imágenes de un compañero escritor ansioso por encontrar la equipación del Real Madrid para su hijo, el perro de Goya, o la de un taxista pidiéndole el día anterior a la presentación que bajase antes de llegar al centro, cortado por la manifestación del Día Internacional de la Mujer. Impresiones que, de nuevo en palabras de Kim, pese a no poder resucitar, sí puede transformar en literatura, y así compartir su mundo y España con los lectores que asistimos al encuentro.

 

Matilde Martínez comentaba el papel del azar en la publicación de Corre, papa, corre por una editorial pequeña como la suya, y como su primer acercamiento al trabajo de Kim Ae-rin fue a través de traducciones al francés de su obra. Una obra caracterizada por una voz personal, a la vez dura y tierna, que puede narrar horrores revestidos de cotidianeidad y risa. Con un estilo punzante y directo que sin embargo no está exento de metáforas. Es aquí donde las traductoras hablaron de las dificultades de la traducción: ¿cómo se transforma la creatividad a otro idioma?, ¿cómo se transforman la comida, el dinero, etc. para unos lectores que no los conocen? En un proyecto que calificaron de aventura tuvieron que realizar un ejercicio de lectura muy profunda para mantener la voz de la autora y su acercamiento a los sentimientos humanos sobre la soledad y el hogar.

Tras la presentación y lectura de fragmentos de “Corre, papá. Corre” y “El pez de papel”, se abrió un turno de preguntas en los que la autora habló más en detalle sobre la literatura, sus influencias, y la relación entre su vida y su obra.

Una de las reflexiones más interesantes que realizó fue respecto a influencias en su estilo. Aunque no se atrevió a concretar obras o escritores concretos, sí situó su prosa rítmica como heredera de una tradición muy desarrollada de prosa corta o poesía muy rítmica en la literatura de Asia oriental. Fijó su atención concreta en los sijo o si-yo, un género poético tradicional y clásico de Corea, de entre 3-4 versos cuyo estilo es sencillo, directo, sin ornamentación, y frecuentemente conversacional, que en origen se compusieron para ser cantados, no recitados. Sin embargo, por encima de cualquier influencia puramente literaria, Kim Ae-ran escucha la voz de su madre: “no puedo evitar la influencia del lenguaje de mi madre, su forma de hablar”. Una voz con la fuerza para dirigir el ambiente familiar, y tan única que “pinta en colores pasteles acuarela”.

Como contrapunto, la voz de su padre. Al publicarse el libro en 2005, Corea sufría una crisis económica del Fondo Monetario Internacional, y de su libro se hizo una lectura en la que ésta se asoció al padre ausente —en ninguno de los relatos hay dos figuras paternas—. En un contexto en el que las grandes familias de 3 generaciones han desaparecido de la sociedad coreana, la voz de su padre al que definió como “un barbero muy tímido”, y cuya voz aún debe seguir descubriendo, convierten su figura, la del padre, en un papel en blanco que no se debe tener miedo a conocer.

La presentación nos descubrió a la escritora y mujer serena detrás de Corre, papá corre. Durante la tarde Kim Ae-ran habló de sus miedos como joven escritora, de la omnisciencia del autor que se esconde tras la ambigüedad narrativa en la que le da voz a un bebé para enmascarar lo que percibía como falta de sabiduría. Una técnica para neutralizar el miedo, que lejos de demostrar lo que ella sentía como falta de experiencia, muestran cómo jugar con y hacer rica la narrativa.

Kim Ae-ran firmando libros a los asistentes.
De izquierda a derecha: Yi Chongyul, Estefanía Robles Serrano, Kim Ae-ran, Matilde Martínez Sallés y Mihwa Jo Jeong.

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