¿Cómo funcionan los nombres coreanos?

Algo que compartimos los seres humanos alrededor del globo es la noción de nombre. Esta palabra, que nos dota de una identidad de por vida y que aparentemente podría resultar insignificante, llamada ireum (이름) o seongmyeong (성명) en coreano, presenta sin embargo un alto componente cultural y genealógico, ya que puede indicar el país del que provenimos y nuestro linaje, a veces también nuestro género y, en algunas ocasiones, hasta nuestra edad, si se adapta a la moda de los años en que nacimos.

Si os invito a que penséis en personajes surcoreanos de la esfera pública, seguramente vengan a vuestra mente nombres como el de Park Geun-hye (박근혜), la expresidenta; Kim Seok Jin (김석진), el integrante de la famosa banda de K-Pop, BTS; o Song Hye-kyo (송혜교), la actriz de dramas; y, como habéis podido comprobar, todos comparten ciertas similitudes. Así que, en el caso de que queráis descubrir un poco más acerca del sistema onomástico de Corea y sus raíces, no os perdáis esta entrada.

La historia de los nombres en Corea se remonta al período de los Tres Reinos (57 a. C. – 668 d. C.), de cuando datan los primeros registros hallados. Por aquel entonces, se podían encontrar nombres puramente coreanos como Sadaham, Gaesomun o Suro, que distan mucho de las clásicas tres sílabas con las que ahora los asociamos irremediablemente. Su forma actual, de hecho, tiene su origen en la influencia china que experimentó el país al aliarse con la famosa dinastía Tang, que tuvo lugar a partir de la época de Silla unificada, en la segunda mitad del siglo VII. Para cuando comenzó el reinado de Goryeo (918-1392), los nombres ya habían adquirido su presente configuración.

Este sistema onomástico consiste en tres sílabas diferenciadas que se corresponden con tres caracteres chinos, llamados en coreano hanja (한자).  Así, mientras que la primera sílaba se corresponde con el apellido, la segunda designa el nombre generacional: un carácter que comparten los miembros de una misma generación, como hermanos o primos. Por último, la tercera sílaba es el nombre personal, que se elige especialmente para el individuo que lo va a llevar. Para desempeñar esta tarea, muchos padres acudían -y aún acuden- a profesionales en la selección de los mismos.

Si tomamos como ejemplo el nombre del actual presidente de la República de Corea, Hwang Kyo-ahn (황교안), tendríamos que separar del resto de sílabas a «Hwang» como su apellido, mientras que «Kyo-ahn» sería su nombre de pila y, dentro de este, la sílaba «Kyo» se correspondería con su nombre generacional y «Ahn» con su nombre personal.

En Corea, el apellido precede al nombre de pila y cada sílaba tiene asociada un carácter chino

Sin embargo, en los últimos años el panorama está cambiando y cada vez más y más coreanos optan por llamar a sus hijos con nombres totalmente coreanos; es decir, sin correspondencia con los hanja chinos, en reivindicación de su cultura. Esta postura se ha venido dando especialmente a partir del fin de la colonización japonesa, cuando muchos coreanos fueron obligados a portar un nombre japonés contra su voluntad. En septiembre de 1947 se inscribió en el registro el primer nombre totalmente coreano desde la época de los Tres Reinos: fue el de Geum Nan Sae (금난새), el famoso director de orquesta originario de Busan.

Por último, otro aspecto curioso de la onomástica coreana es la falta de variedad en los apellidos, que probablemente se deba al antiguo sistema de clanes y a una ley que los convertía en un lujo que únicamente pertenecía a las clases más altas. Fue tan solo a finales del siglo XIX cuando los hombres del pueblo llano tuvieron derecho portar un apellido. Las mujeres tuvieron que esperar un poco más, hasta 1909.

Así pues, mientras que en España existen tantos y tan variables apellidos que nunca se han llegado a contabilizar con certeza, en Corea, según el registro, únicamente se tiene constancia de alrededor de trescientos apellidos distintos. Lo más curioso de todo es que, además, más de la mitad de los 50 millones habitantes surcoreanos comparten cinco de ellos: Kim (김), 21,6%; Lee (이), 14,8%; Park (박), 8,5%; Choi (최), 4,7%; y Jeong (정), 4,4%. Si comparamos estos datos con el porcentaje de habitantes de nuestro país que comparten el apellido español más común de todos, García (3%), entenderemos por qué no ha de extrañarnos que, a veces, a los menos acostumbrados al idioma nos parezca que todos los coreanos «se llaman igual».

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Bibliografía:

DE MENTE, Boyé Lafayette. The Korean Mind. Vermont: Tuttle Publishing, 2012. 466 p. ISBN: 978-0-8048-4271-6.

KIM, Young Hoon. Understanding Everyday Life in Korea. Seúl: Jimoondang, 2015. 183 p. ISBN: 978-89-6297-171-2.

WIKIPEDIA. Korean name. [en línea]. 28 de septiembre de 2017. [consulta: 28-09-2017]. Disponible en: https://en.wikipedia.org/wiki/Korean_name

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